脷ltimo momento

Un hombre ordinario haciendo cosas extraordinarias

Cordob茅s. Seguidor y vividor de Dios. Gaucho. Trabajador incansable que hizo propias causas inadvertidas. Brochero, el cura que tradujo la fe a la m谩s humana expresi贸n de amor.

brochero

Brochero dec铆a que Dios era como los piojos: est谩n en todos lados, pero fundamentalmente entre los pobres.

Posiblemente sea esa la frase que mejor lo defina, ubic谩ndolo en el rec贸ndito punto en el que se encuentra la trascendencia de lo sagrado con la sabidur铆a de lo humano. Ese lugar, casi inaccesible para la mayor铆a de los mortales, en donde la creencia religiosa se traduce en la m谩s humana expresi贸n de amor.

Se dice que hay fe all铆 donde habita la convicci贸n de lo que no se ve y la certeza de lo que se espera. Pero para quienes la fe empuja hacia una acci贸n restauradora, despu茅s de la certeza no hay espera: hay movimiento.

Es por eso, que nuestras acciones hablan de lo que somos, de lo que decidimos ser o de lo que decidimos entregar. A veces damos lo que podemos, otras lo que tenemos y otras lo que nos sobra. En todos los casos, siempre, lo que damos nos termina definiendo. Como buenos hombres, como grandes hombres, o como hombres Santos.

Esa fe que moviliza

Borges dijo alguna vez: 鈥淓l camino es fatal como la flecha, pero en las grietas est谩 Dios, que acecha鈥.

Quiz谩s haya, en esos dos 煤ltimos versos, algunas profundas verdades sobre la vida del Cura Brochero. Lleg贸 como p谩rroco del departamento San Alberto en 1869, que -por entonces- eran 4336 kil贸metros cuadrados de valles y serran铆as.

La lejan铆a y el olvido de aquellas tierras se multiplicaban con las personas que lo habitaban: cerca de 10 mil cordobeses que hab铆an hecho propia la crudeza de una pobreza silenciosa y solitaria. Pero como el poema de Borges sugiere, donde desde las grietas asoma y observa Dios, Brochero lleg贸 para suavizar las asperezas y, all铆 donde habitaba la desesperanza, restituir la fe y el derecho.cura brochero

El joven sacerdote era un paisano m谩s entre los paisanos; infatigable, recorr铆a en mula de d铆a y de noche su curato. Su sensibilidad ante el dolor y su incapacidad para darle la espalda a las necesidades de los otros, lo convirtieron en un emblema que resignific贸 la forma en la que cada habitante del lugar se vincul贸 con Dios y con la religiosidad.

Brochero era un hombre de acci贸n; su mejor templo estaba con la gente y con sus necesidades. Para 茅l, seguir a Dios era vivir el evangelio en el encuentro con los otros, era entregarse como el m谩s desinteresado acto de servicio. De sacerdocio abierto y expansivo, recorri贸 cada espacio de su curato bajo la firme convicci贸n de que creer es una inevitable forma de hacer.

De hecho, despu茅s de treinta a帽os de p谩rroco en las sierras, fue nombrado can贸nigo de la iglesia catedral como recompensa para un necesario descanso. Sin embargo, luego de unos a帽os all铆 decidi贸 volver nuevamente a su querida parroquia. 鈥淓ste apero no es para mi lomo鈥, dijo al despedirse.

鈥淎bandonados de todos pero no por Dios鈥
As铆, con esa frase, sol铆a referirse a los habitantes de San Alberto, esos mismos que encontraban en la figura de Brochero la 煤nica mano tendida y el 煤nico que nunca les daba la espalda.

Su identificaci贸n con los pobres no era un acto nominal: era una premisa de su pr谩ctica diaria que se actualizaba en cada camino que cre贸, en cada escuela que ayud贸 a levantar, en cada iglesia que inaugur贸, en cada obra que contribuy贸 a cambiar la fisionom铆a y el esp铆ritu del lugar.

Sentado sobre el lomo de su mula Malacara, recorri贸 de norte a sur y de este a oeste los extensos e intensos territorios de San Alberto, tarea que s贸lo realiza aquel que siente como propias las necesidades ajenas.

Y as铆 como no hab铆a para 茅l nunca barreras geogr谩ficas lo suficientemente grandes, tampoco su coraz贸n sab铆a de diferencias ni de ning煤n tipo de prejuicios.Seg煤n se cuenta, a la salida de Villa del Tr谩nsito viv铆a un hombre enfermo de lepra. Nadie quer铆a hablarle ni acercarse a 茅l. En cambio, Brochero lo visitaba a menudo, le llevaba ropa, alimentos y compart铆a largas tertulias con mate incluido. Cuando quisieron disuadirlo de ello, 茅l contest贸 con una sonrisa: 鈥淧ero, por favor, no diga eso. Si all铆 hay un alma鈥.

Seguramente sab铆a que, cuando dec铆a 鈥渁bandonados de todos pero no por Dios鈥, no se refer铆a s贸lo a un precepto de fe, sino -fundamentalmente- a un acto de consciencia.

Haciendo cosas extraordinarias

Brochero fue un hombre: ordinario y mundano. Se enfrent贸 a las mismas miserias y a las mismas adversidades que cualquier hombre de su 茅poca. Su secreto no revela ning煤n misterio m谩s que su fe, expresada en una inquebrantable voluntad de ser y de hacer, por y para los pobres.

As铆 es como lo ordinario, de a poco y sin prisa, empieza a elevarse a lo inusual, a aquello que nadie esperar ver ni se aventura a anticipar. Gesto a gesto, obra a obra, algo distinto va pasando con la vida de aquellos hombres.

Hasta que al final, en el 煤ltimo suspiro del recorrido, sucede que lo ordinario dej贸 de serlo, tanto que hasta cuesta encontrar en ello lo mundano. Es ah铆 cuando el trabajo de ciertos hombres comienza a trascender y donde la raz贸n empieza a dejar paso, inevitablemente, a la creencia.

Ese puente acaba de atravesar Brochero: de la raz贸n de su obra hacia la fe de su legado.

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