Último momento

Mascherano vuelve al fútbol argentino tras casi 15 años

“El Jefecito” regresa al país que lo vio nacer, dispuesto a dar la última batalla en el plantel de Estudiantes de La Plata. En este informe, un repaso por su carrera.

Su primer desafío fue bastante inusual. Corría el año 2003 y los planetas se alinearon para ponerlo en el centro de una situación inesperada.

Por ese entonces, tenía apenas 19 años y jugaba de volante central en la Reserva de River. Todavía no había debutado en Primera cuando recibió el llamado de Marcelo Bielsa.

La excusa fue la inauguración del Estadio Único de la Plata, el saldo: el debut de uno de los jugadores más importantes de la historia del seleccionado argentino.

No faltó quien cuestionara al entrenador la decisión de convocar a un pibe sin experiencia. A lo que Bielsa respondió con total claridad, pues no tenía dudas: estaba sembrando las bases del futuro.

Todavía no había cumplido la mayoría de edad y ya era acreedor de un apodo que lo pintaba de cuerpo entero. Le decían “el jefecito” y no estaban equivocados. Su voz de mando se hacía oír en cada rincón del campo de juego y quince años después sigue resonando con fuerza dentro y fuera del césped.

Hoy, la Ciudad de La Plata aparece nuevamente como escenario de un capítulo trascendente de su vida. Javier Mascherano regresa al fútbol argentino con la camiseta del “Pincha”.

Masche nació y creció peloteando con su papá Oscar en las calles de San Lorenzo, su ciudad natal. Por aquel entonces, no sólo compartían en la sangre la pasión por el fútbol sino también la posición: ambos jugaban de centrodelanteros.

Javi dio sus primeros pasos en un pequeño club de la ciudad llamado Alianza y luego siguió su camino en Barrio Vila, donde el entrenador era nada más y nada menos que su papá Oscar.

Un buen día, Mascherano padre le sugirió a su hijo que se corriera a la mitad de la cancha. Pues le parecía que con su precisión y visión de juego podía ser un excelso volante central. Entre quejas, Masche le hizo caso y se afianzó en ese sector del campo.

El fútbol era lo suyo y Javier lo tenía claro. Con la firmeza que lo caracterizó desde pibe le dijo a su familia que su objetivo era llegar a ser alguien en este deporte y que para lograrlo no podía quedarse en San Lorenzo.

Así fue que con apenas 13 años y el visto bueno de Jorge “el Indio” Solari, Masche preparó las valijas y se incorporó a Renato Cesarini con una meta fijada a fuego en su cabeza. En el fondo sabía que si jugaba bien, algún club más grande se interesaría en él y estaría más cerca de su sueño de trascender.

Un día llegó Hugo Tocalli para observar a varios chicos del club y quedó tan maravillado con Javier que rápidamente lo convocó para la Selección sub 15.

Al año siguiente, ya con edad de séptima división, apareció River en el camino y se llevó a esta joyita santafecina que prometía y mucho.

Casi sin saberlo, en ese preciso momento “Masche” comenzó una escalada increíble que lo llevó por cada una de las categorías formativas de la Selección hasta catapultarlo a la mayor de la mano de Bielsa.

Apenas unos meses más tarde, hizo su debut oficial en el Primer equipo de River una tarde frente a Nueva Chicago. Ese día, no se cumplió sólo el sueño de Javier sino también el de su papá Oscar que en sus años mozos se había quedado en las puertas del profesionalismo. Ya se sabía: la camiseta del estreno tenía dueño, estaba destinada a su viejo que la recibió entre lágrimas.

Rápidamente Javier se afianzó en Primera y en su campeonato de presentación, se consagró campeón del Torneo Clausura de 2003. La alegría de los Mascherano era indescriptible.

Por Copa Libertadores y ante el Olmedo de Ecuador marcó su primer y único gol con la Banda luego de una memorable jugada individual donde dejó a varios rivales en el camino y definió desde afuera del área con la precisión de sus épocas de centrodelantero.

En enero de 2004 se consagró campeón con la Selección Argentina del Preolímpico Sudamericano Sub 23 disputado en Chile, siendo el capitán del equipo y ese mismo año consiguió el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, llevando a las vitrinas nacionales el único laurel que aún no había podido conseguir.

A mediados de 2005, el “Jefecito” armó los bolsos y, junto a Carlos Tévez, viajó a Brasil para sumarse a las filas del Corinthians. En el conjunto de la ciudad de San Pablo disputó 17 partidos y salió campeón del Brasileirão del 2005.

A pesar de la salida de Bielsa, el entrenador que le había dado la primera gran oportunidad, Masche fue una constante en las convocatorias de la selección más allá de los diversos directores técnicos que estuvieron al frente del combinado albiceleste.

Así, en 2006 fue convocado por José Pekerman para formar parte del plantel argentino que viajó a disputar la Copa Mundial de Fútbol de 2006 donde fue titular en todos los partidos y redondeó un gran torneo. Desafortunadamente, en Cuartos de Final Argentina se topó con Alemania y en los penales, la moneda cayó del lado de los europeos.

Tras el mundial y a cambio de una suma millonaria, Javier dejó el Timao y cruzó el charco para jugar en el West Ham United de la Premier League de Inglaterra. Pese a tener poca continuidad en el equipo inglés, al finalizar el año al menos pudo contar con la satisfacción del deber cumplido: el equipo garantizó su permanencia en la Premier.

Meses más tarde, Liverpool puso sus ojos en él y movió cielo y tierra para contar con sus servicios. Masche hizo su debut en los Diablos Rojos en enero del 2007 y desde ese momento nunca salió del 11 titular. La única mancha en sus cuatro temporadas en el club fue el no haber podido salir campeón, como si lo había hecho su equipo antes que él llegara.

Mientras Javier se ganaba un nombre en el fútbol europeo, su figura se agigantaba en la Selección y se transformaba en el principal referente del equipo. De hecho, una de las primeras decisiones de Diego Maradona al mando del Seleccionado fue designarlo capitán por encima de emblemas históricos como Zanetti.

Luego de dos subcampeonatos en Copa América, con Maradona en el banco y Messi en el campo, el Mundial de Sudáfrica 2010 aparecía como una oportunidad inmejorable para devolver la gloria a la Celeste y Blanca. Pero una vez más, Alemania apareció en el camino y le robó las chances a la Argentina con una durísima goleada.

Pese a una nueva frustración mundialista, el año 2010 le tenía preparada a Masche una inmejorable sorpresa. El santafecino se sumó a las filas del Barcelona alcanzando así la cúspide del fútbol mundial. Su sueño de ser alguien en el fútbol, definitivamente se había cumplido.

En el Barza, Javier ganó todo. Lo imaginable y lo imposible de imaginar: Copa del Rey, Liga española, Champions League y hasta el Mundial de Clubes ante River, el club que lo vio nacer.

Con esa inmejorable cosecha, a Masche le quedaba sólo una asignatura pendiente y llegaba a Brasil 2014 con la decisión de cumplirla. Esta vez con Alejandro Sabella en el banco de suplentes, Argentina ya no aparecía como favorita, pero se abrió camino con decisión. En ese proceso, Masche sacó a relucir su entrega inigualable y su firmeza como líder de un grupo que tenía la mirada fija en la meta.

Javier se erigió como símbolo de un conjunto que iba por todo y las redes sociales explotaron con halagos al León del mediocampo: “con Masche recuperamos las Malvinas” dijeron miles de argentinos entusiasmados con el coraje del volante, que en un cruce salvador evitó lo que podría haber sido gol de Robben y eliminación ante Holanda.

En la final, como si de una maldición se tratase, Argentina cayó nuevamente con Alemania y las cámaras del mundo entero se quedaron con la mirada desolada de Javier. Sus lágrimas eran las de un país entero.

Con las finales perdidas en la Copa América de Chile y en la Copa Centenario, la frustración y la tristeza lo hicieron replantearse todo. ¿Debía seguir o acaso estaba destinado a quedarse siempre en las puertas del triunfo?

Con la fuerza de siempre, Javier decidió intentarlo una vez más y enfocarse en Rusia 2018. Desafortunadamente, la Argentina de Sampaoli no hizo un buen papel y tras la eliminación Javier se despidió de la Selección.

Tras un paso sin demasiado brillo por el fútbol chino, Sebastián Verón le propuso un nuevo desafío y Javier aceptó.

Luego de casi 15 años jugando fuera del país, este hombre de personalidad apabullante, quite quirúrgico y corazón sin igual, regresa al país que lo vio nacer,dispuesto a dar la última batalla.

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