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Felíz Cumpleaños Córdoba!!!

Cada 6 de julio las autoridades de turno homenajean a Jerónimo Luis de Cabrera, algún historiador saca a relucir la rebeldía del fundador y al minuto se arma la de San Quintín entre los que definen a Córdoba por el aumentativo que se ganó cuando enfrentó en la calle a la dictadura de Onganía y los que recuerdan que una década antes germinó en estas tierras la semilla de la Libertadora.

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Contradictoria y compleja, esta ciudad sigue siendo la metrópoli inabarcable que encandila a los estudiantes llegados del interior y la aldea pequeña con el poder repartido en un puñado de cuadras y media docena de apellidos. Aunque tironeada por esas visiones, Córdoba crece y se transforma, enamora a los visitantes y jamás deja indiferente a sus pobladores.

Algunos cambios son abruptos y otros casi imperceptibles. En los últimos años nuevas áreas de recreación han contribuido a reemplazar viejas postales. Ya hay una generación que cuando se cita en el parque se refiere al de las Tejas y no al Sarmiento y una completa colección de chistes políticos que aluden al faro de una ciudad mediterránea que extraña mares lejanos.

Córdoba sigue reivindicando tozudamente su pasado industrial, las motos de los 60, los automóviles de los 70 y esos aviones que alguna vez sirvieron para marcar un destino de grandeza que no llegó a fraguar y desde hace años son apenas una promesa en la que casi nadie cree. Sin embargo, la ciudad defiende a capa y espada esa parte de la historia .

También le canta a los inquilinatos próximos al Clínicas y a la bohemia de estudiantes de bolsillos flacos e ideales gigantes, aunque ahora la movida se haya mudado a los edificios de Nueva Córdoba y sus ocupantes se concentren más en pelearle descuentos a los proveedores de Internet que a utopías libertarias.

Consecuencia del crecimiento y la modernidad, el murallón de piedra que la atraviesa ya ha dejado de ser el pasadizo por el que deambulaba la “Pelada” de la Cañada para convertirse en el señalador más ostensible de Güemes, un barrio que archivó cuchilleros y aparecidos para recibir a lo más granado del turismo internacional y saciar su ansia de artesanías, antigüedades y meriendas campestres a precios desproporcionados.

Córdoba mudó también su círculo contestatario y el corazón de sus festejos, de Colón y General Paz al Patio Olmos, un centro ecléctico que tiene una fuente que nadie quería pero ahora todos reclaman porque casi nunca funciona. Y a metros de ella, el perfil del Gringo Tosco vigila esa porción de la ciudad que tanto sirve para el reclamo como para la celebración y que a la noche ilumina el parpadeo de media docena de pantallas que coronan otros tantos edificios.

Aunque no debe haber un cordobés al que no se le ocurran una docena de detalles que la afean Córdoba es, por encima de todo, una ciudad amada por su gente. Y en el grupo de pobladores orgullosos entran los que nacieron a metros del sitio que Jerónimo Luis eligió para erigirla y los hijos adoptivos que llegaron atraídos por la quimera de las fábricas o el brillo de la universidad.

Uno sabe que vive en una ciudad que tiene más futuro que pasado cuando se cruza con los senegaleses que venden auténticas carteras Michael Korks fabricadas en Villa El Libertador y a pesar de esa mirada entristecida por la añoranza de la tierra lejana, han empezado a lucir, como una flor en el ojal, la tonada cordobesa.

Uno puede ufanarse de ser de acá en esas jornadas donde el Kempes estalla de alborozo o cuando los puentes del Bicentenario dibujan líneas coloridas en el Suquía y los campanarios iluminados de todas las iglesias revelan a la Córdoba colonial perfilándose entre el cemento.

Y dan ganas de agradecer la suerte de ser de aquí para pasar por la esquina del Sorocabana ahora que Daniel Salzano se entretiene con un café eterno como su amor por la ciudad. Fruto del azar o de la justicia, la imagen del más grande poeta urbano de Córdoba se replica en la primera cuadra de Rosario de Santa Fe y la esquina de San Jerónimo y Buenos Aires. Entre su fotografía juvenil junto a una de sus notas-poemas y su figura inclinada sobre un ejemplar de La Voz, bulle la vida en la plaza San Martín, el airoso corazón de la vital cumpleañera.

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