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Dramático relato de la madre de la niña a la que se le negó aborto legal en Tucumán

A la pequeña de 11 años se le realizó una cesárea. Denunció a funcionarios y la Iglesia por coacción: “Me dejaron mi casa sin techo”.

El caso de Lucía, el nombre que se escogió disponer para la niña de 11 años que, pese a solicitarlo, no pudo acceder a una Interrupción Legal del Embarazo en la provincia de Tucumán, trascendió fronteras por su crueldad.

Con el gobierno tucumano como cómplice, la demora en la realización de la práctica llevó a que, por riesgos a su salud, se le tuviera que practicar una microcesárea.

Para la cirugía debieron ser convocados médicos del sector privado, ante la negativa de todos los profesionales del Hospital Eva Perón, en las afueras de San Miguel de Tucumán, dónde llegó derivada desde el interior.

Con una denuncia a los doctores por “homicidio calificado” como contexto, la Iglesia Católica y grupos antiderechos también jugaron su papel.

La declaración de la madre de la niña, a un medio televisivo, amplió el cupo de denuncias, que hasta incluyen al titular del Sistema Provincial de Salud, Gustavo Vigliocco.

“Él iba todo el tiempo. Nos decía que (si se practica un aborto) puede morir. Si no querés estar en el hospital, yo te voy a pagar un hotel, para que puedas estar con tu hija. Le prometió también que se iba a hacer cargo del bebé y lo iba a criar como su propio hijo. Nos prometió que nos iba a hacer nuestra casa. Se ha ido hasta mi pueblo, a ver mi casa. Habló a la comuna y pidió que me hagan la casa. Me la destecharon y me la dejaron así. Ahora no tengo puertas ni ventana, sólo tengo chapas y tirantes. Nadie ha ido más”, narró.

En la entrevista con La Gaceta TV, la madre de Lucía confió que la propia niña “no lo quería tener”. Y agregó: “Me puse a pensar ¿Para qué iba a venir una criatura al mundo, si ha sido criada en el odio y desprecio?”.

Dijo que en ese momento supo que “supuestamente había una ley que la amparaba” y solicitó hacer su uso.

También denunció que “un cura se metía todos los días” en la habitación dónde estaban.

“Supuestamente me hacían hacer una lista de las personas que querían que pasen a vernos, pero él no sé cómo ha hecho, pero todos los días se las arreglaba para ir. Nunca ha dicho ‘Vamos a rezar’, sólo iba y averiguaba cómo se llamaba mi hija y que íbamos a hacer con el bebé. Le preguntaba por qué no lo daba en adopción, que lo tenía que tener… cosas así. Mi hija no quería que ningún hombre se le arrime, y este cura le hacía la señal de la cruz en la frente”.

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