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Cosquín Rock 2018: 80.000 personas asistieron al mayor festival de Rock

La edición número 18 del festival contó con la participación de exponentes convocantes del rock nacional. El parte internacional lo dieron The Offspring, Creedence, La Vela Puerca y Residente. Los artistas emergentes en las carpas Universo Geiser y Quilmes Garage demostraron una sana renovación generacional.

Primer día

En Cosquín Rock a veces llueve y la primera noche no fue la excepción. El sol acompañó durante todo el día con un clima ideal para disfrutar de principio a fin. Pero al final de la jornada, durante el set de Las Pastillas del Abuelo, la lluvia fue protagonista y la jornada debió finalizar un rato antes. Más temprano, en las afueras del predio ubicado en Santa María de la Punilla, la previa la inició el fernet, la bebida cordobesa por excelencia. Carpas, cantos y remeras de todas las bandas transformaron la geografía del lugar, que como todos los años se transformó en una oportunidad para vendedores ambulantes, hoteleros, y comerciantes para recibir a miles de jóvenes hambrientos de rock.

El Cosquín se trata de música. Como en los festivales europeos, el espíritu de arte y libertad se vive lejos de las grandes ciudades. Hay que alejarse unos kilómetros del ruido para desconectarse por completo. En Córdoba todo se trató de pasarla bien y disfrutar, sin poses. No importó a que banda cada cual fue a ver o la remera. Se vió de todo; grupos de jóvenes, hijos bailando con sus padres y parejas besándose en el pasto.

Las sierras como escenografía de fondo fueron el decorado ideal para vivir un día a plena música. Año tras año Cosquín incorpora propuestas para todos los gustos: desde el Universo Geiser, al escenario principal con las bandas más relevantes a nivel nacional. También dijeron presente el Quilmes Garage y el escenario temático de Reggae, una nueva incorporación. En uno solo día, los fanáticos del sonido oriundo de Jamaica pudieron disfrutar a Gondwana, Dancing Mood, Zona Ganjah, Los Cafres, Los Pericos con Andrew Tosh como invitado, y Don Carlos.

Tanto el escenario Espacio Córdoba X como el Quilmes Garage recibieron a las bandas emergentes con las propuestas más refrescantes. El escenario de Geiser, repitió la costumbre del año pasado y ofreció un blend que alterna artistas emergentes con consagrados: Limón intercalado con Airbag, los Rayos Laser seguidos de Francisca y los Exploradores. Continuaron Massacre, Diosque, Valdez e Ibiza Pareo, el dúo estará en junio en el Sonar de Barcelona.

El escenario principal tuvo destellos inolvidables y la previa la armó Las Pelotas. Ya con las banderas en alto, el público estaba listo para recibir a uno de los artistas que históricamente más convoca en el Cosquín Rock: Ciro y los Persas. El siguiente plato fue uno de los más extravagantes de la primer noche: Creedence Clearwater Revisited. El mítico grupo brindó un recital cargado de nostalgia con todos los clásicos que la gente estaba esperando.

A las 23:40 llegó el turno de Skay y los Fakires, para que la audiencia ricotera tenga su tajada. El cierre de la mano de Las Pastillas del Abuelo fue interrumpido por el diluvio. Pero apenas unas horas después la fiesta continuaría.

Segundo día

El frío coscoíno se hizo sentir. A pesar de ser 11 de febrero la temperatura parecía la de cualquier tarde de invierno. La lluvia de la noche anterior se llevó el sol, y el frío caló en los huesos. Por suerte el calor lo trajeron los músicos. Luego de una primera jornada con oferta de rock nacional clásico; la segunda presentó un line up variopinto, de géneros disímiles y una oferta superlativa, envidia de cualquier festival internacional.

Antes de las 17, cuando habitualmente la gente recién se empieza a acomodar, ya había ofertas de primer nivel como El Mató a un Policía Motorizado quienes reflejaron una temporada de alto crecimiento -el año pasado tocaron en el Quilmes Garage-. Al mismo tiempo Luca Bocci, uno de los artistas revelación del momento se lucía.

La elección no se simplificó a medida que la jornada avanzaba. Desde el escenario principal Los Espíritus hicieron rugir su Aguardiente, Barco navegó en un Quilmes Garage colmado y Sick Porky hizo de las suyas en el escenario temático Heavy Metal.

Luego de ser testigo de la presentación de dos de los mejores discos del 2017, el Cosquín Rock se transformó en un festival latinoamericano con Residente y La Vela Puerca. El tico se metió a la gente en el bolsillo desde la primera rima, y el campo fue una fiesta: saltos, pogos y banderas. Sin romper el clima que armó el ex Calle 13, La Vela Puerca entregó la posta a Juanse y compañia. Los Ratones Paranoicos están de vuelta en serio, y se nota. El volumen aumentó los decibeles gracias a la presición del grupo que daría su último show en el Festival Nuestro de Tecnópolis. The Offspring retomó la cita internacional previo a un cierre con dos bandas que forman parte del núcleo puro de rock argentino: Guasones y Los Gardelitos.

El Quilmes Garage fue una de las perlas de la jornada del domingo, y en más de una ocasión quedó demasiado chico. Lo mejor de la escena emergente desfiló por la carpa: Lo´Pibitos, Bandalos Chinos, Perras on The Beach, Usted Señalemelo, Louta, Indios y Militantes del Clímax. Sin dudas, se convirtió en uno de los escenarios favoritos de la gente. Los rosarinos autores de “Veni” presentaron su nuevo EP acústico y confirmaron su participación en la edición mexicana del Cosquín Rock de exportación.

El Universo Geiser se volvió imperdible. Más temprano, con Chucky de Ipola y Vanthra presentando su álbum debut a salir en abril, los kilómetros de ruta y horas de vuelo dijeron presente. Sobre el cierre Banda de Turistas ofreció un set psicodélico que se convirtió en la antesala justa para una de las nuevas gemas en ascenso: Rey Hindú. Los jóvenes desplegaron desparpajo, baile e irreverencia por doquier.

Se consideró un acierto haber reducido de tres a dos días, la oferta musical sigue intacta y ganó en contundencia. La gente respondió ampliamente y enfrentó el calor, la lluvia, y el frío. Quedó claro que del festival más federal del país nadie se va hasta que se apaguen todas las luces. La experiencia, una vez más, será inolvidable.

Hasta el año que viene

 

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